Crianza,  Desarrollo Personal

Tres imperdibles para no toparse dos veces con la misma piedra

“El camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando”

Paulo Coelho

Estos días han sido por demás agotadores, no sólo porque me estoy metiendo en camisas de once varas con esto de ser blogger sino que aunado a todo lo demás me ha tocado ser la maestra guía en el inicio de año escolar online. (Punto importante: las clases no son en mi idioma materno).

Estando en plena faena recibí una llamada de una mamá. Saben que en el exilio y en todo momento las mamás siempre buscaremos construir una especie de tribu para apoyarnos en este rol. Ella en su momento de catarsis me confesó que duró tres días antes de que comenzarán las clases llorando todo el día, a causa del estrés que le generaba pensar en este trabajo adicional.

La escuchaba con atención y como un balde de agua helada comencé a identificar que yo dentro de mi investidura de madre autosuficiente, tecnológica y bilingüe, la acompañaba en su sentir, aunque no lo expresara de la misma manera.

Ese episodio me hizo reflexionar y descubrir tres cosas importantes que todos como seres humanos debemos saber al enfrentar algún reto que consideramos más grande que nosotros o que sentimos que sobrepasa de alguna manera nuestras capacidades.

 

El cansancio y la distracción es nuestro mecanismo de evasión provocado por el miedo

 

Escuchando atentamente me iba haciendo consciente que a pesar de que tenía todo bajo control mi resistencia estaba en mi cansancio acumulado y mi perenne necesidad de evitar sentarme frente a la computadora ocupándome en cualquier cosa menos de lo que tenía que ocuparme.

Conducta que es muy común cuando se nos pide hacer algo u ocuparnos de algo que desconocemos, nuestras palabras suelen ser: Yo no tengo tiempo para eso, es que yo no sé, para eso soy muy mala, etc., etc. 

 

Y la verdad es que nadie nace aprendido pero tampoco limitado.

 

Cada vez que no nos permitimos una nueva experiencia, no nos arremangamos la camisa para hacer algo que hasta el momento era desconocido, o simplemente no hacer lo que tenemos que hacer cuando lo tenemos que hacer, estamos lanzándole esa apatía al universo para que continúe inundándonos con la rutina y las mismas desventuras de las cuales nos hemos quejado en esta existencia.

La ignorancia no es no saber, es no querer aprender, no hay edad ni condición que nos limite para algún reto nuevo, si te equivocas al menos aprendes pero nada esta cien por ciento seguro hasta que aumentamos la probabilidad intentándolo.

 

Se vale expresar emociones, eso nos hace comprender y continuar

 

Cuando me di cuenta de que mi manera de expresar el miedo era un cansancio tremendo, baje la guardia y me dije a mi misma: – mi misma, ¡está bien! Me di ánimos y me permití expresar la frustración del momento, no sin antes tener presente el camino de salida. ¡Pues si! Permitirse tener sus momentos de catarsis no tiene por qué convertirse en un estilo de vida. El que me quedara instalada en la frustración no iba a hacer que ni mi amiga ni yo cambiáramos nuestras realidades.

Definir prioridades y buscar ayuda fue el paso siguiente, siempre he dicho que no es necesario saberlo todo, sino conocer al que sabe, en este caso ir a la fuente del problema y resolverlo de raíz. Otra cosa importantísima es saber delegar, todo líder debe tener presente este concepto, y como para ser líder me prepararon media vida, eso sí que te tengo yo…

Los que me conocen saben que eso de ser mamá víctima, autosuficiente y sufrida no va mucho conmigo porque desde pequeñas les he enseñado a mis hijas a ser independientes, y aunque he sido cuestionada al respecto hoy puedo decirles que al segundo día de clases todo va viento en popa y yo me puedo permitir sentarme con un té a escribirles este post.

Nunca sabremos qué tan capaces somos hasta que nos permitimos intentarlo.

Siento que en esta vida y en todo rol es imprescindible darte el permiso de intentarlo, de aprender y también de equivocarnos, el concepto de fracaso está sobrevalorado en esta sociedad y la única manera que tenemos para cambiarlo es fracasando una y otra vez, si lo logras celébralo y aprende.

Desde que vivo la preadolescecia de mis hijas me he permitido fallar, me di cuenta de que la madre que siempre tiene las respuestas, la que lo sabe todo y que siempre tiene la razón estaba siendo un modelo a seguir muy frustrante para ellas.

He aprendido que en cada reto que he evadido, he rechazado, he tenido que enfrentar con gallardía y he logrado salir airosa, me ha regalado nuevas maneras, he adquirido mejores herramientas y he superado con creces mis expectativas.

Mi intensión con este post no es solidarizarme y hacer eco de la frustración de los padres o tutores en este momento, mi intención es y será ser un medio para que consideremos que así como en las pequeñas batallas libradas aprendemos a ser guerreros, en todo rol siempre tendremos la oportunidad de aprender de la vida, y que una vez superada la prueba estaremos eximiendo la materia y evitando que la vida nos la vuelva a repetir en otro momento, o magnificado transformado en una bola de nieve inmanejable.

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