Crianza,  Desarrollo Personal,  Maternidad

Maternidad satanizada o sobrevalorada

Hoy comprendo con mayor lucidez mi ataque de pánico de aquel 13 de noviembre del 2008…

Tengo un problema serio con las anestesias y los medicamentos, casi todos me generan efectos colaterales. Pero hubo un efecto en particular que me despertó de un tirón. Yo tenía apenas 36 semanas y algunos días de gestación cuando acudí al médico para mi chequeo de rutina, él me pregunto si todo estaba bien, y realmente me sentía bien, salvo que parecía una ballena encallada. Para ese momento sin que mi umbral del dolor me lo permitiera saber ya estaba dilatando y mi apacible hija ya iba para la tercera vuelta de cordón alrededor del cuello. Corrimos a buscar la maleta, y preparar todo para la llegada de nuestra primogénita, al llegar a la clínica me hicieron el procedimiento de rutina. Tengo muchas anécdotas cómicas de ese momento, fue un momento de locura desatada, quizás porque nadie está más sacado de sus cabales como cuando presiente que la vida le va a cambiar.

Sin embargo yo no había caído en cuenta de todo lo que sucedería para ese momento. Hice que la enfermera me pesara en distintas balanzas porque yo no podía aceptar el hecho de que pesara 80 kgs, ni tampoco cuando no quise darle detalles de mi estado a un señor muy invasivo que se me acerco a averiguarme la vida, (era el anestesiólogo). Pero en fin, el momento en el cual caí en cuenta de todo lo que estaba sucediendo fue cuando los efectos de mis primeras dosis de no sé qué estaban corriendo por mis venas; Sentí no una ola, eso fue un tsunami de pánico por todo aquello que me estaba ocurriendo, yo no comprendía, y mucho menos tenía idea de cuál sería el desenlace final.

Estaba en la camilla sentada respirando, y como un baño de agua fría comencé a escuchar a mi instinto de supervivencia que me gritaba: ¡Huye! Yo, tan primitiva comencé a hacer el plan de huida, tenía divisada mi cartera y las llaves del carro, todo estaba fríamente calculado y mis sentidos estaban alerta esperando el momento perfecto para ejecutar el plan. Una voz muy tenue comenzó a emerger en mi subconsciente, y me decía: ¡Aja! ¿Y el chichón para cuándo? Tal vez era mi hija que dentro de mi locura intentaba infiltrarse para, como posteriormente lo haría costumbre; romperme todos los planes en un zas.

Y es que cuando uno se vuelve madre los planes y la autonomía se desploma con ligeros argumentos.

Este día llegó y no tuve más opción que rendirme, los días siguientes resultaron ser la antítesis del momento perfecto captado en fotos, nunca antes me había sentido tan fuera de mí y tan vulnerable, la incertidumbre comenzó a acechar y yo a echar mano de cuanta herramienta iba descubriendo.

Es una ley universal que cuando uno está en un estado mental prolongado durante mucho tiempo comienza a atraer a todas aquellas cosas que para bien o para mal representan todo ese nivel de pensamiento. No sé si fue mi caso pero para ese entonces surgieron muchas gurú de maternidad, expertas en crianza, las doulas, la crianza consciente y toda la parafernalia que gira en torno a la tranquilidad y gozo del bebe, pero que es mal llamada maternidad, puesto que el factor que menos toma en cuenta es a la madre.

Era muy común leer y ver material acerca de la lactancia, los berrinches, los gases, la introducción de los alimentos, la forma de comer, etc. Obviando todo lo que la madre podría estar viviendo en esos momentos. Incluso a nivel psicoemocional, bajo la excusa de que una madre debe estar bien si su bebe está bien.

Un concepto inverso puesto que la que dicta las pautas es la humana con más experiencia en este mundo y no uno que acaba de llegar.

Así pase por distintos estados entre ellos la depresión post parto que no es para nada agradable, y aunque no lo crean originado gracias a los conceptos y preceptos que socialmente estaban emergiendo acerca de la maternidad en ese momento, o que por lo menos yo estaba descubriendo.

El tema de las expertas lo estudie muy a fondo cuando comencé a salir de mi personaje y entender todo con una mirada panorámica del asunto, comencé a descubrir que había mujeres que vivían la maternidad sin traumas, ¡sí! ¡Existían! Y yo las estaba descubriendo. Yo no podía creer que existían las mujeres que alimentaban a sus bebes, cocinaban, limpiaban la casa, hacían la pañalera y hasta se ¡maquillaban! Eso fue una luz al final del túnel.

Cuando comencé a ver esta especie de mujeres inmediatamente quise estudiarlas; que hacían, como lo hacían, que pensaban, en que creían y como lograban llevar de una manera tan fluida este rol.

Lo primero que descubrí es que ellas no se autodenominaban expertas, ellas no querían ni estaban ocupadas en querer enseñar a nadie sus conceptos de maternidad. Así entendí que todas las demás que querían enseñar sus técnicas estaban tan perdidas como yo, y sin ninguna mala intensión solo querían enseñarle al mundo lo que les había funcionado, ayudando de alguna manera a las que sabían se encontraban como ellas.

Esta especie no es para nada nueva, nuestras abuelas criaban a una cantidad considerable de hijos sin parafernalia, podían hacer muchas cosas con 7 u 8 hijos pequeños, que estoy segura que una madre de hoy no se atrevería porque su único tesoro le ocupa todo su tiempo.

Ubique a muchas mujeres con este raro comportamiento, las estudie y comencé a ver en ellas puntos en común que luego identifique como claves para el éxito en el desempeño del rol, aquí te comparto algunos:

Su vida no gira en torno a la maternidad

Suena un poco raro, pero déjame explicarme, ellas son mujeres que tienen hijos, no que sus hijos las poseen, y aunque tienen a sus hijos sanos, fuertes y atendidos se identifican primero como personas y anteponen sus necesidades para poder brindar a sus hijos ese equilibrio.

Tengo una querida amiga que me enseño; cuando vayas a darle comida a tu hijo debes tomar tu comida primero. Eso chocó al principio con ese ideal de madre abnegada que te inculca la sociedad, pero ella me explicaba que así debe ser siempre, como en los aviones cuando te piden que te coloques el oxígeno primero tú y para que luego tengas oxigeno para poder ayudar a los demás. Este consejo lo atesoré tanto que fue uno de los primeros que comencé a practicar, allí comprendí que si quiero hijos felices, mama debe ser feliz primero, nunca esta ecuación ocurre al revés.

El autocuidado es parte de su rutina

Con este punto me aferre al yoga, tomar mi tiempo y mi espacio cada vez que lo necesito no me hace ni mejor ni peor madre pero si un ser más equilibrado, que podrá tomar mejores decisiones y ayudar a un niño a lidiar con sus frustraciones y pataletas en vez de caer en un drama innecesario.

Los espacios de autocuidado existen cuando el ser consciente y racional es el que dicta las rutinas, abrir espacios para ser algo más que mamá es la manera de brindarnos equilibrio y paz. Un café con las amigas, una cena con la pareja, un baño relajante, un día de spa, practicar algún hobbie o cualquier actividad placentera pueden convertirse en un regalo de autocuidado y un cable a tierra.

No satanizan la maternidad, la victimización no forma parte de ese rol

En este punto quiero hacer especial énfasis, estas especie de madres no anda por el mundo diciendo cuan ocupadas, faltas de atención o incomprendidas están, No gritan al mundo que no tienen tiempo ni que el rol las arropa, creo que el hecho de ellas creerse capaces y autosuficientes es su principal motivo para lograrlo.

He escuchado las quejas constante de la maternidad en las diversas etapas, y también he sido parte, pero ese rol de victima solo persigue seguirlo siendo, ese rol no busca una soga para salir del hueco, porque pasa en muchos casos que al tenerla la hacen de lado para seguir auto compadeciéndose en el lodo. Esto ya se mezcla con un padecimiento colectivo muy en boga, gracias a la actual sociedad que critica todo y mantiene el círculo vicioso de victima victimario. Lo peligroso de todo esto es el mensaje constante y reiterativo que le estamos enviando a nuestro hijos, el mensaje de que mamá esta así por el simple hecho de ellos ser y estar, y aunque con palabras les decimos que los amamos, con los hechos le hacemos cargar con todo el peso de nuestra vida quejumbrosa.

Todo esto me hizo comprender de algún modo que no hay maternidad perfecta, porque no existe un molde, nadie debería estar haciendo cursos ni dictando charlas que te enseñen como ser una buena madre, porque aunque seas la peor esa es la que ese ser necesita para su desarrollo y crecimiento en esta tierra.

Hace días escuche el podcast de Valentina Quintero en el que habla de la maternidad, de lo distinta pero a la vez tan perfectas que fueron las experiencias de ella y su hija como madres. (Nota aparte llore a mares). Porque si, finalmente lo que me libero de todo fue entender que todas tenemos un concepto implantado y una manera de la que creemos estamos en lo cierto, puede que ese concepto choque con el que reine actualmente en la sociedad, pero es el que ambas almas han convenido para venir a este mundo a enfrentar juntas.

Descubrir que no hay maternidad perfecta fue uno de los momentos más iluminadores de mi nueva realidad, sentir que vinimos completas y con todos los accesorios para hacer frente a este rol tan demandante es de los regalos más preciados que toda esta busqueda me ha dado. Y sé que a ti que hoy lo vives te puede ser también de mucha ayuda.

…Y si aún no eres madre, ni planeas serlo, pero sientes que de alguna manera estas fluyendo en contra de lo que socialmente está siendo aceptado, espero que mi experiencia te sirva de ejemplo para cuestionar este hecho y elijas conscientemente lo que tu corazón anhela, pues el siempre sabe el camino…

2 Comentarios

  • Ana Cecilia

    Plof! Este artículo me cayó como anillo al dedo, justo ayer pensaba en todos los tabúes que hay alrededor de la maternidad que nadie habla ni expresa, porque simplemente todo lo que ocurre es normal y se debe hacer lo que todas las madres han hecho siempre, cuando cada maternidad es distinta y lo único que debe guiar este camino es el corazón de la madre. Un tema que es súper complicado pero que para la sociedad es “normal” es la depresión post parto, todas la viven pero nadie la comenta, algunas madres te acompañan y cuentan su experiencia y otras simplemente te dicen que son un bebé que tiempo vas a tener de padecerla… gracias miles por este artículo Henny lo amé.

  • Laura

    Tu historia de maternidad contada es un espejo de la mía! Cada una sabe ser el tipo de madre que su realidad necesita. Desligarse de las creencias familiares sobre la maternidad para tener paz mental es vital, allí tienes material para un nuevo tema porque es infinito. Gracias por el post, es liberador! Abrazos!!!

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