Aprendizaje,  Desarrollo Personal

¿Cómo elegir al maestro/guia adecuado?


Todos coincidimos en que estamos viviendo una vida de aprendizaje continuo. Todo es cambiante, nada se mantiene estático, Seria un suicidio moral e intelectual asegurar que cerramos el ciclo de aprendizaje en alguna etapa de nuestras vidas.


Mi generación por ejemplo le ha tocado vivir todas las transiciones de la tecnología desde la invención de la primera computadora hasta el uso de las tabletas y la inteligencia artificial.


Pero la mayoría venimos de un modelo escolar prusiano que hace en algunos casos desarrollar cierta aversión al aprendizaje, así la gente que mantuvo siempre un alto indice académico porque cumplía con todas las asignaciones y estudiaba palabra a palabra los textos hoy puede que no le guste leer, que no desee tomar ningún curso, ni desarrollar ninguna actividad que requiera poner en marcha sus sistemas cognitivos para aprender alguna habilidad, o adquirir un nuevo conocimiento.


Otros en contraparte, sentimos que quedamos en el aire con todo lo visto en el sistema escolar, debido a que las principales preguntas de la edad adulta han quedado sin respuesta. Así nos dimos cuenta de que pasamos mas de la mitad de nuestras vidas estudiando lo que nos proveen en la instrucción formal, aprendiendo de todo y de nada, para llegar a un punto donde caemos en cuenta que estudiamos de todo y no sabemos nada acerca de las habilidades principales que nos toca desarrollar en la vida.


Nada de inteligencia emocional, nada de finanzas personales, nada de cómo organizarnos, nada de tecnología, nada de las principales tendencias tecnológicas que van surgiendo, etc.


La buena noticia es que en la era del aprendizaje existen múltiples canales para aprender, pero también todo un ejercito de personas que nos quieren enseñar.


Pero ¿Cómo podemos estar tan seguros de tomar la decisión correcta a la hora de seleccionar a un maestro en estos tiempos?


En la actualidad se invita a todo el que sabe a enseñar, unos cuantos hacen de esto un mercado emergente que va en auge, y se va plagando de buenos y malos postores.


¿Dónde esta la diferencia?


Analicemos este ejemplo: Juanito comienza a estudiar acerca de mindfulness, él se asesora con un coach de bienestar y este le promete enseñarle los trucos básicos para que en poco tiempo convierta esto en un negocio rentable que le permita vivir de ello, va y estudia acerca de marketing con otros maestros, estos le brindan un ABC con las claves para comunicarse con su audiencia y manejar sus redes a fin de atraer clientes. Juanito esta motivado y decidido a seguir en su camino y toma todos los consejos, sigue todas las pautas y comienza a poner en marcha su plan. Logra los primeros y clientes y con la buena fortuna estos quedan satisfecho con la informacion recibida y lo recomiendan a otros. Juanito esta logrando lo que había soñado. Mientras se encuentra enfrentando algunos episodios de ansiedad que le genera su inminente divorcio y algunas dolencias por su mala alimentación o estilo de vida.


Ahora, no quiero decir con esto que el caso de Juanito tenga que ser perfecto para poder dar el paso de enseñar, pero si es muy precipitado puede fallar en enseñar la teoría, obviando cómo llevarla a la practica incluso en su propia vida. Lo que hará que sus estudiantes terminen repitiendo los mismos patrones sin cuestionar alguna vez las enseñanzas.


«No se puede enseñar lo que no se vive»


En el budismo se enseña a todos los aspirantes que si se encuentra a Buda en el camino deben matarlo. Lo que significa que si te encuentras con ideas rígidas, serias y dogmaticas leyes del Budismo institucionalizado tambien debes liberarte. Porque finalmente el camino espiritual es único. Así como también es único lo que cada uno requiere aprender en un momento determinado de su vida.


En el libro de Sidartha nos comparten un pequeño pero muy sabio consejo:


No sé si es algo que a usted la vida le ha enseñado ya. Hay mucha tontería suelta por el mundo. Hace años, un profesor maravilloso que tuve, Swami Chinmayananda, que me enseñaba Vedanta, dijo un día: «Cuanto más larga la barba, mayor el farsante», ¡y él tenía una barba que le llegaba casi al suelo!

Es cierto que el Buddha nos alienta a recibir el consejo de los sabios. Seríamos unos necios si despreciáramos su inconmensurable saber y su pericia. Pero también nos dice que pongamos a prueba las enseñanzas en nuestra experiencia cotidiana de la vida. Hay que escucharlas, sopesarlas e investigarlas. Es tarea de cada uno de nosotros comprender «¿por qué sufro tanto?», «¿cómo me relaciono con el mundo que me rodea?» o «¿qué da alegría a mi vida?».


Ahora y en todo momento debemos comprender que, el fin ultimo es el mensaje. No el mensajero.


Así el aprendizaje debe instarnos a discernir, a poner en practica con nuestra propia experiencia lo que recibimos, debemos cuestionar cada palabra para adquirir nuestro propio criterio.


«Cada vez que enseñes, enseña también a dudar de aquello que enseñas.»

Ortega y Gasset

Todos te van a querer enseñar aquello que aprendieron, y tal como el nuevo modelo de mercado lo indica la gente quiere el paso a paso, todo digerido, nada que sea muy complejo, ni nada que haga pensar mucho. El problema de este modelo es que nos conduce a una experiencia como la de Juanito. Y peor aun a declarar clubes de fans de personas como él.


Dejemos de un lado la pereza mental, e imaginemos por un momento cuanto podemos llegar a aprender y que profundo seria nuestro conocimiento si nos comprometemos a cuestionar a nuestros guías, sí siempre medimos nuestra confianza en ellos de acuerdo a lo que nuestra experiencia nos demuestra con hechos.


¿Pondrías tu dinero a invertir en manos de alguien que esta en la quiebra?

¿Dejarías administrar tus bienes a alguien que no sabe administrar sus finanzas personales?

¿Confiarías en las recomendaciones de un nutricionista obeso?


Aunque la mayoría responderá que no, en la practica es todo lo contrario, pues estamos tan ocupados en nada, debido a la avalancha mediática y cultural que a diario nos abruma, que nos cuesta detenernos unos minutos a leer un libro, escuchar un podcast en el carro vía al trabajo, ver un video de algún experto que alguien nos ha recomendado que dura mas de 10 minutos, o googlear acerca de determinado tema que queremos conocer.


Todo lo anterior representaría un sacrificio enorme de esfuerzo mental y tiempo que no estamos dispuestos a hacer y que preferimos pagar al primer click de publicidad que me recomiende Instagram, el cual me promete todo lo que no puede imbuir en mi, porque tampoco puede hacer la practica por mi. Luego termino despotricando que ha sido un fraude y abandono todo lo que implique aprendizaje, metiéndolos a todos en un saco.


No quiero decir con esto que debes exigir la perfección en cada maestro, créeme no hay nadie en este plano de existencia perfecto o con todo bajo control, pero si vas a confiar en alguien por lo menos exige que en el área de enseñanza que te proporcionará tenga los mejores resultados.


Particularmente estoy convencida de que todos poseemos ese maestro que necesitamos, solo debemos estar dispuestos a hacer lo que necesitamos hacer para lograr los resultados que deseamos. Se trata de pequeños pasos que se convertirán en hábitos y estos en lo que seremos.


Mi invitación es a usar ese guía para un impulso, que crea en tu potencial y te ayude a buscar las respuestas que necesitas, pero que más adelante seas tu el que moldee tus aprendizaje. Eso solo un buen maestro puede lo puede lograr.

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